Dos veces al año, aproximadamente, sacamos colecciones nuevas. En ocasiones el punto de partida es un acabado — la purpurina, o el iridiscente, o un trenzado que llevaba tiempo rondando. Otras veces es un color, o directamente una imagen que alguien del equipo vio en algún sitio y que nadie pudo sacarse de la cabeza. Se lanzan. Cuando se agotan, no vuelven.